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Somos estudiantes del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 20 , Ext. Vedia.
El objetivo de este blog es compartir nuestros trabajos y nuestras experiencias, para que nos conozcan y juntos luchar para lograr una nueva educación.
Decía Pablo Freire: " Importante en la escuela no es sólo estudiar, no es sólo trabajar, es también crear lazos de amistad, es crear un ambiente de camaradería, es convivir, es unirse".




domingo, 24 de octubre de 2010

Cómo educar a las niñas y niños en igualdad

Al nacer, la identidad de los niños y niñas no sólo viene determinada por el sexo; tradicionalmente, también lo ha estado por el proceso de socialización y por la educación.

La familia es el primer agente socializador del niño y la niña y, al mismo tiempo donde más se puede fomentar y consolidar los roles o estereotipos tradicionales del hombre y la mujer. No obstante, puede ser también uno de los principales entornos donde educar en igualdad a los hijos e hijas.

Ya en los primeros años de vida, los juguetes pueden simbolizar los estereotipos sexistas de esta sociedad. La ‘cocinita’, el maletín de costura, la muñeca con sus complementos de ropa rosa azul, el carricoche de bebé… son algunos ejemplos de juguetes que presuponen el rol que estas futuras mujeres desempeñarán o que socialmente se espera que desempeñen. Independientemente de la actividad profesional a la que dediquen sus vidas, la cocina o la limpieza son ejemplos de actividades que las mujeres tienen asignadas desde niñas. Los niños, por el contrario, se divierten con juegos asociados a la construcción o el transporte, por poner un ejemplo.

De la misma manera, no suele estar bien visto en el seno de las familias que el niño o la niña muestren interés por los juegos asignados al sexo contrario y, aunque este obstáculo se va superando cada vez más, sigue siendo extraño ver a un niño con muñecas o a una niña con coches de carreras. Paradójicamente, al mismo tiempo que del niño se espera que no juegue con la cocinita, se pretende que el hombre colabore en las labores del hogar. Y a la inversa, los coches y camiones que algunos no consideran adecuados para las niñas, se contraponen a una realidad creciente en la que se intenta que la mujer pueda acceder a todo tipo de profesiones.

Varias esferas de la vida familiar determinarán, según el trato, las expectativas y los roles, su forma de comportarse así como el papel que jugará el niño o la niña en el futuro. Por ello, hay que tener presentes situaciones como las que se enumeran a continuación:

Los modelos familiares. El dicho ‘predicar con el ejemplo’ suele ser muy adecuado. En el seno familiar tradicional las ‘labores del hogar’ eran femeninas y los ‘trabajos’ masculinos y cambiar esa concepción es fundamental a la hora de educar a los pequeños y pequeñas en la igualdad. Que el hombre asuma tareas que tradicionalmente estaban ligadas a la mujer y viceversa hará que los niños y niñas crezcan en un ambiente en el que la igualdad entre los sexos sea vista como algo normal. Es importante que el reparto de tareas en el hogar se explique y que todos participen en ellas.
Valorar la diferencia como personas y no como sexos. Es normal que a los hijos/as no se les trate de la misma forma; cada persona es distinta y hay que aprender a que ellos/as valoren que en esa diferencia descansa la riqueza. No obstante, el hecho de valorar y apreciar las diferencias no debe hacerse en función del sexo de la persona y mucho menos potenciarlas en base a ello.
La expresión de los sentimientos. La capacidad de ser más o menos expresivo con los sentimientos es una cuestión puramente personal, interna de cada uno y nada tiene que ver que se trate de un niño/hombre o una niña/mujer.

La elección de las actividades extraescolares. Los familiares deben fomentar la práctica de actividades alternativas sin hacer diferenciaciones en cuanto al sexo. Las habilidades para realizar una u otra actividad no vienen determinadas por el sexo de quien las practica.

El lenguaje. Los familiares deben evitar la utilización de palabras, dichos populares o comentarios sexistas. Es una muestra de sensibilidad hacia el tema que nos ocupa y un modelo de trato igualitario.

Los medios de comunicación. Es aconsejable que los familiares se sienten con los niños y niñas y les expliquen qué están viendo en la televisión, en una revista o en cualquier otro medio de comunicación. Algunos mensajes publicitarios suelen encasillar al hombre y a la mujer en sus roles tradicionales, y los adultos deben ser críticos al respecto. De esta forma se fomenta una actitud responsable.

Los modelos de referencia más próximos para los menores van a ser determinantes en el aprendizaje de valores y actitudes. No hay que olvidar que durante los primeros años las niñas y niños se rigen por la imitación de sus adultos. De ellos depende, en buena medida, que esos comportamientos e ideas se construyan sobre una base de igualdad.

Pequeñas claves:

-Los juguetes no tienen una etiqueta de género. Hay que darle al niño y a la niña lo que le guste, no lo que socialmente le corresponde.
-Hay que hablar con los niños/as sobre la importancia de respetar al otro y de que la riqueza de las personas nunca vendrá determinada por su condición sexual.
-El lenguaje o las imágenes discriminatorias fomentan comportamientos negativos. La familia debe se crítica con ello.

Identificar y actuar ante el acoso en las aulas

La educación de valores y actitudes son necesarias para aprender a convivir y ser un ciudadano capaz de ejercer derechos y asumir responsabilidades.

El debate actual se centra en el aumento de la violencia escolar. Sin embargo, los expertos aseguran que las situaciones de maltrato en las aulas han sido un fenómeno presente desde siempre en los centros educativos, pero que nunca gozó del interés suficiente para ponerle freno. El cambio operado en la sociedad, en parte, gracias a los medios de comunicación que sacan a la luz cada vez más casos de violencia, ha dado lugar a una creciente reacción por parte de los agentes sociales hacia este fenómeno.

El concepto de educación va más allá de la transmisión de conocimientos. Actualmente se considera que paralelamente se debe hacer hincapié en el aprendizaje de valores democráticos donde juega un papel fundamental el entorno social en el que crezcan el niño o la niña. En este sentido, educar en la convivencia y en el respeto hacia los demás es fundamental para crear un ambiente escolar sano y seguro. Es un reto en el que deben estar implicados todos los agentes sociales con una propuesta de intervención integral.

Dentro de este marco global, el sistema educativo, el entorno socio-comunitario, los familiares, las autoridades y el profesorado interactúan a la hora de dibujar las pautas de comportamiento del menor.

En el caso de la colaboración familiar, se considera necesario que ésta se presente no sólo en el ámbito del hogar sino también en la vida escolar, y de esta forma se subraya la importancia de su directa implicación en temas como la participación activa en la vida educativa del niño/a, el conocimiento de las necesidades de los hijos/as, el apoyo en las tareas escolares, la participación en las actividades que fomenten la convivencia entre iguales, el intercambio de información con el profesorado, etcétera.

Abordar e identificar una situación de acoso escolar es imprescindible a la hora de poner freno a las situaciones de violencia. Desde las familias, la observación del comportamiento y referencias escolares del niño o niña son fundamentales para intervenir, tanto si se trata de una víctima, un acosador/a o un espectador de una situación de acoso.

El acoso escolar o bullying, según la terminología inglesa, es toda forma de maltrato o acción de hostigamiento que se lleva a cabo de forma continuada por parte de un alumno/a o por parte de un grupo hacia otro alumno/a. Los investigadores han señalado una serie de características distintivas en el perfil de las personas implicadas en el acoso.

La víctima suele ser poco popular, introvertida, con una baja autoestima, tendiente al aislamiento, etcétera. Aunque al mismo tiempo puede ser un alumno de gran éxito académico.
El agresor se caracteriza por su fortaleza física, comportamientos antisociales tempranos, fácilmente enojable, impulsivo…
El maltrato, que normalmente se produce dentro del entorno escolar pero lejos de la presencia de un adulto (pasillos, baños, vestuarios, salidas o entradas de clase, camino a casa), puede tener consecuencias fatales para la persona que está siendo acosada, al mismo tiempo, puede provocar el desarrollo de un comportamiento futuro más violento e incluso delictivo en el agresor.

En el caso de la víctima, las principales señales de alarma que la familia puede observar son cambios en su actitud, ya que se vuelve más introvertida y triste y apenas tienen relación con sus compañeros/as de clase. Otra señal es que busca cualquier excusa para poder quedarse en casa y no ir al colegio, del cual sólo habla para quejarse del maltrato que recibe por parte de sus iguales. En esta situación es muy importante que la familia de la persona acosada le ofrezca la seguridad y apoyo necesarios para que pueda hablar y denunciar lo que le está sucediendo, le ayude a superar la sensación de culpabilidad y baja autoestima que sufre y le anime a que se lo cuente todo al tutor/a del centro educativo.

En el caso contrario, cuando el hijo o hija es un acosador, el comportamiento violento que tiene en el aula suele reflejarse también en el seno de la propia familia. Muestra una actitud de indiferencia y falta de respeto hacia los derechos y sentimientos de los demás, es impaciente e intenta imponer su voluntad por la fuerza y comunica con frecuencia a la familia que ha tenido alguna pelea o enfrentamiento, al mismo tiempo que relata con orgullo los episodios de abuso o maltrato a compañeros de los que habla con desprecio y superioridad. La familia tiene un papel fundamental en hacer comprender al acosador la gravedad de su comportamiento y las consecuencias que puede tener. Un camino hacia ello es tratar de que comprenda los sentimientos de la persona a la que está haciendo sufrir, darle ejemplos de una actitud basada en una conducta positiva y en el respeto hacia los demás y los beneficios que ello conlleva, así como apoyar todos los cambios positivos que se vayan generando en su conducta.

Junto a las dos situaciones que se acaban de relatar, existe una tercera posición. Entre ambos extremos se encuentra la figura del espectador, el que no interviene directamente en el maltrato pero que tampoco lo denuncia. Generalmente se callan ante la injusticia y justifican su comportamiento en falsas convenciones grupales en las que se descalifica al que sí denuncia los hechos. Estos niños y niñas pueden terminar acostumbrándose a ver la violencia como algo normal en sus vidas y acaban tolerando el maltrato y la agresión como forma de abrirse camino en la vida. En este último caso, las familias tienen el deber de hacerle ver que “no denunciar una injusticia te hace cómplice de ella” y que la violencia no es, ni mucho menos, la medida adecuada para solucionar los problemas o alcanzar sus metas.

Los familiares deben estar atentos ante cualquier indicio que revele que el niño o la niña está participando de alguna forma en una situación de acoso. En el caso de que se detecte, lo primero que deben hacer los familiares es acudir al centro educativo del menor y hablar con los profesores, tutores o cualquier responsable de confianza.

Educar en la prevención del consumo de sustancias tóxicas

Uno de los principales temores a los que se enfrentan todas las familias cuando sus hijos e hijas comienzan a hacerse mayores es el consumo de sustancias tóxicas. Estos miedos cobran aún más fuerza cuando comprobamos que no se trata de un problema relacionado exclusivamente con las clases marginales.

Los jóvenes en edad escolar constituyen uno de los grupos con mayor riesgo a caer en el consumo de sustancias tóxicas, ya sea tabaco, alcohol u otro tipo de drogas. Esto es debido a que la creciente necesidad de autonomía que experimentan los adolescentes les lleva a rechazar la protección de los adultos y a enfrentarse a situaciones y conductas de riesgo que pueden representar una grave amenaza para su desarrollo. Según los estudios, la mitad de los jóvenes se inician en el hábito del tabaco y del alcohol antes de cumplir los 16 años. A partir de esa edad, el consumo puede aumentar hasta niveles muy altos.

Para que esto no llegue a suceder, familia y escuela deben colaborar para promover en los jóvenes los hábitos saludables a seguir, aunque la responsabilidad de los padres y madres es precisamente orientar a sus hijos e hijas para que estos sepan cómo evitar las situaciones en las que alguien les incita al consumo de sustancias tóxicas. No hay que olvidar que los progenitores juegan el papel de mediadores en la conducta de sus hijos, y que tienen que participar e implicarse activamente. En muchas ocasiones, los jóvenes saben más acerca de las sustancias tóxicas, el tabaco o el alcohol que sus padres. En estos casos, es conveniente que las familias que no están en situación de orientar a sus hijos intenten buscar más información sobre las drogas, sus efectos y consecuencias.

En la salud es siempre más rentable la prevención que el tratamiento, tanto en costes económicos como personales. Por ese motivo, algunas de las medidas que las familias deben tomar pasan por potenciar una educación que facilite el diálogo con los adolescentes, ayudarles a organizar el tiempo libre y facilitar que los menores se aficionen a la práctica de algún deporte o actividad de ocio dirigida especialmente a los jóvenes. De esta forma, los adolescentes verán el consumo de sustancias tóxicas como algo innecesario en sus vidas para pasarlo bien.

Primar el diálogo y la confianza
Los padres y madres deben saber que no basta con limitarse a dar una charla puntual, sino que deben educar a sus hijos de forma continuada, adecuando la información a la edad y nivel de conocimiento de los menores. Si los progenitores escuchan los problemas de sus hijos e hijas disminuyen las probabilidades de que estos tomen decisiones erróneas. Por su parte, es importante que las familias confíen y crean en los jóvenes, puesto que es frecuente que los adolescentes deseen mostrar a sus padres que pueden confiar en las decisiones que tomen.

En las conversaciones que las familias mantengan con los jóvenes, padres y madres deben tratar de llevar la charla a la época actual y resaltar los aspectos positivos de no consumir sustancias tóxicas frente a los negativos. También es fundamental que expliquen muy claramente que el uso de sustancias nocivas siempre será un motivo de preocupación y angustia para las familias por el impacto negativo que su consumo tiene sobre la salud y que, en consecuencia, pondrán todos los medios a su alcance para prevenir y evitar que las consuman. Lo mismo ocurre con la elección de los amigos. En la mayoría de las ocasiones, las compañías de los jóvenes influyen en mayor o menor medida en su comportamiento y los hábitos que desarrolla, motivo por el cual los padres y madres deben tratar cuanto antes de que sus hijos se relacionen con un grupo de amigos que desarrollen hábitos de conducta saludables y conocer su círculo de amigos en la medida de lo posible.

No está de más que los familiares supervisen la conducta de los menores, precisamente la falta de control es uno de los factores de riesgo junto con la escasa presencia de normas, las pautas de disciplina muy severas, unos vínculos afectivos débiles entre padres e hijos o la falta de comunicación. Todo ello sin olvidar ser un buen modelo de conducta. Por ejemplo, las estadísticas apuntan a que los niños y niñas cuyos progenitores fuman o beben son más propensos a terminar fumando o bebiendo.

Medidas preventivas:

-Las familias deben informar a los jóvenes acerca de las consecuencias del consumo de sustancias tóxicas.
-Los progenitores deben tener conversaciones periódicas con sus hijos e hijas y escuchar sus problemas.
-Los padres y madres deben resaltar los aspectos positivos de no consumir sustancias tóxicas.
-Las familias deben supervisar la conducta de los menores.
-Es recomendable conocer el círculo de amistades de los hijos e hijas. Una manera sencilla es invitar a los amigos en alguna ocasión a casa.

Vamos a hacer los deberes!. Cómo ayudar a afrontar las tareas escolares a nuestros hijos e hijas

Las familias tienen que ayudar a los niños y las niñas a desarrollar actitudes positivas a la hora de hacer los deberes, a la vez que incidir especialmente en la organización de la agenda escolar, el espacio y el tiempo en el momento de programar las tareas a realizar. También es interesante reforzar las técnicas de estudio. Pero, ¿cómo lograr que los deberes sean una experiencia más positiva para los hijos e hijas?

En primer lugar, es importante que los y las menores entiendan por qué es importante que hagan los deberes encomendados cada día. Es una tarea de los padres y las madres explicar a sus hijos e hijas que nada que realmente merezca la pena se consigue sin esfuerzo y que, por ello, es necesario seguir trabajando después de clase. La familia debe recordar a los niños y niñas que hace falta que practiquen mucho con los conocimientos que aprenden a diario para llegar a poder dominarlos con facilidad.

Es importante, también, que las familias fijen una hora y un lugar para que los y las pequeñas hagan sus deberes. El lugar escogido puede ser cualquiera donde se pueda trabajar cómodamente y donde no encuentren demasiadas distracciones, aunque es preferible que cuenten con un área, aunque sea pequeña, especialmente destinada al estudio, porque así los niños y las niñas cuentan con un rincón donde mantener sus útiles y herramientas de aprendizaje, como los bolígrafos, los cuadernos, el atlas o los rotuladores, siempre en un mismo lugar. Además, según los psicólogos especializados, el estar en un área especial evoca un sentido de propósito en los escolares y los ayuda a concentrarse en las tareas que tienen. Lo que es un error es obligar a los niños y las niñas a hacer sus tareas siempre en una mesa concreta o en una biblioteca, no pasa nada si ellos y ellas prefieren trabajar una atmósfera más informal y relajada. Pueden hacer los ejercicios en el sillón o en la mesa de la cocina, por ejemplo, lo importante es que estén cómodos y que no existan distracciones a su alrededor. Eso sí, una regla de oro es no dejarles nunca hacer los deberes con la televisión encendida, porque esto fomenta malos hábitos de estudio.

Es más importante, en cambio, que los deberes se acepten como parte de la rutina diaria. Siempre tiene que haber un tiempo reservado para las tareas escolares, incluso los días que no se tengan deberes, los niños y niñas tendrán que aprovechar el tiempo de estudio en actividades relacionadas con los conocimientos que ha adquirido, como, por ejemplo, en leer y escribir.

Para ayudar a los niños y las niñas a planificarse es importante saber cuánto tiempo tendrán que dedicar cada día a los deberes, esta información la podrán conseguir en la reunión de padres y madres con los profesores y profesoras o poniéndose en contacto a principio de curso con el tutor o la tutora. Con todo y con esto, no se puede determinar una hora fija para que todos los niños y las niñas hagan los deberes. Algunos y algunas conservan sus energías cuando vuelven del colegio, pero otros y otras necesitan descansar un rato. Por eso, es importante que la familia haga partícipe a los hijos y las hijas de la decisión acerca de cuál será el mejor momento. Sería conveniente que si en la familia hay varios hijos o hijas se escojan tiempos de estudio simultáneos, ya que si no se hace así, es muy probable que acaben molestándose unos a otros.

A la hora de planificar la realización de tareas pendientes o inacabadas y ejercer cierto control de los deberes, es fundamental habituar a los y las jóvenes en el uso de la agenda escolar, en ella podrán anotar las tareas que han de terminar, los temas a estudiar y los plazos para entregar un trabajo o preparar un control.

Los y las escolares deberían acabar sus deberes, como muy tarde, unos cuarenta y cinco minutos antes de irse a dormir, para que puedan disfrutar un poco de tiempo libre y de relax.
Otro tema es cuánto ayudar a los hijos e hijas a hacer los deberes. Es importante que las familias den aliento a los y las escolares, pero eso no significa tener que resolverles todas las dudas. Es buena idea sentarse cerca de los niños y las niñas mientras hacen sus tareas para que sientan su apoyo. También es importante ayudar en ciertas partes de la tarea e, incluso, participar escuchándoles cuando leen en voz alta o explicándoles algún punto que el niño o la niña no entienden bien, por ejemplo, pero no hay que convertirse nunca en el padre o la madre que “hace los deberes”.

Si el niño o la niña se resiste a hacer los deberes hay que explicarle las consecuencias claras de esto. Determinar qué sucederá si sus hijos e hijas fallan en cumplir sus obligaciones. Una idea es identificar varias actividades o privilegios de los que los niños y niñas disfrutan todos los días. Si cumplen las expectativas establecidas, continuarán disfrutando de esos privilegios. Si no cumplen, algunos o todos se podrían suspender.

Cuando se deban suspender los privilegios, hay que hacerlo con firmeza, sin enfados pero consecuentemente.

Finalmente, una vez que el o la escolar ha terminado sus deberes es interesante que las familias los revisen, ésta es una manera sencilla de demostrar que se está interesado en las cosas de los niños y las niñas. Por eso, hay que revisar que el trabajo esté completo, no que esté correcto.

Pequeños trucos:

-Explicar a los niños y niñas para qué sirven los deberes.
-Fijar una hora y un lugar para hacer las tareas cada tarde.
-Hay que ser consejero, no hacerles los deberes.
-Hay que buscar lo positivo y evitar críticas.
-Hay que revisar los deberes, no corregirlos.
-Fomentar el empleo de la agenda escolar como herramienta de planificación y control de tareas.